lunes, 24 de marzo de 2008

Article Concert Música Festera.

LA MÚSICA Y LA FIESTA.

La fiesta de Moros y Cristianos, evento social, arraigado en los hábitos de los festeros y el pueblo de Crevillent, en lo mas íntimo de sus vivencias y costumbres, intrínsecamente ligado a la esencia de los moradores de la villa.

Elegancia, grandiosidad, ampulosidad; amistad, cercanía, diversión y un motor, la esencia misma de LA FESTA: LA MÚSICA.

La música en el sentido mas amplio del término, en cualquiera de sus manifestaciones. La música se convierte en el marco de un cuadro, tal vez un cuadro impresionista a la manera de Monet.
La misma música podría ser perfectamente una composición de Debussy, un conjunto de impresiones y pinceladas armónicas que se entremezclan sin aparente conexión pero que conforman un todo impresionante. Collage de sonidos provenientes de charangas, de bandas de música y de vítores festeros, aderezados con el sobresalto sonoro de la pólvora y la suavidad y embeleso del discurso diplomático.
Sonidos de percusión, tribales, visceralmente rítmicos ; darbukas, jembes, instrumentos étnicos que despiertan nuestro ser mas profundo; el encanto de la dulzaina, instrumento tan nuestro que vibra intensamente con la doble lengüeta de caña y hace vibrar el alma.

La música festera (pasodoble, pasodoble de concierto, pasodoble dianero, marcha cristiana y marcha mora).
Cada composición adecuada a cada uno de los momentos de la festa.
Los acordes de Xavia , de Salvador Salvá ,acompañando a las bellezas al sentido y emocionante acto de presentación, con el acompañamiento armónico y rítmico de las maderas (clarinetes, flautas, oboes) generando ese clima tan sutil, una atmósfera de ensoñación que impregna el ambiente y se alimenta del anhelo de las bellezas y capitanes. Un sabor tan nuestro.
La melodía de Caravana, de P. J. Francés, pegadiza como la arena del desierto, repetitiva, constante, como el paso morisco a través de las dunas, ligada inevitablemente a la Entraeta y a las cenas en las Kábilas.
El ritmo vibrante del pasodoble. El compás de 2/4, tan sencillo a la par que inmenso;
Pasodobles como El tío Ramón, Pérez Barceló, música que invita al goce comedido de los sentidos y al despertar de la imaginación, a la ensoñación perseguida y a los recuerdos de itinerarios ya trazados durante los sábados y domingos por la mañana.
Dos pasos solamente, dos acentuaciones, fuerte y débil.
Las dos caras de una misma moneda, la lucha de contrarios que se repite irremediablemente y que marca la existencia humana , enaltece la razón y subyace al mismo ser.

Las marchas cristianas, con ritmos guerreros que alimentan el espíritu y convierten al festero en avezado luchador.
Los compositores incluso abordan la composición sinfónica y crean auténticas obras de arte con temas medievales, armonías modales e instrumentaciones brillantes, coloristas, con el empleo de los instrumentos de viento metal que recrean las fanfarrias militares como si de un ejército se tratase; utilizando intervalos de 5ª y 8ª, ásperos, rudos, abiertos, en contraposición con los temas escritos siguiendo los modos rítmicos medievales (yambo, troqueo , dáctilo) a cargo de los instrumentos de viento madera que generan un timbre intenso, dulce, propio de los instrumentos de caña.

Las grandes marchas moras, muchas veces ejercicios armónicos en los que el compositor indaga en el uso y la utilización de las disonancias, los intervalos de 4ª e incluso la politonalidad.
El uso de la escala árabe, con el intervalo característico de 2º aumentada, que entronca directamente con la música andalusí.
Composiciones escritas para la fiesta a cargo de grandes maestros; Armando Blanquer, J R Vilaplana, Ramón García Soler. .
Composiciones dedicadas a amigos y cargos festeros, a personajes crevillentinos que gozan de todo nuestro afecto y admiración, llenas de afecto y amistad como las que podemos disfrutar del compositor crevillentino Ramón Mas López.
En definitiva todo un universo sonoro, amplísimo que debe ser tratado con afecto y buen criterio con el fin de dignificar una manifestación que ya de por si tiene categoría y trato de expresión artística y que adquiere en la Festa todo su significado. Hagamos pues, buen uso de las composiciones, específicas y adecuadas para cada momento y ocasión y tratemos a la música con el respeto que se merece desde todas las partes implicadas en el proceso creativo.
No solamente podemos oír música, sino que también la podemos escuchar, analizar, entender y por añadidura disfrutarla en plenitud; sin duda, será un auténtico placer para los sentidos.

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